San Mateo de Gállego es una localidad situada a unos 22 Km de Zaragoza, dirección norte, muy cerca de Zuera, de la que dista tan solo unos 4 km en línea recta.
Su casco urbano se encuentra muy próximo al cauce del río Gállego. En el mismo, en un lugar elevado sobre dicho cauce, se encuentra una explanada que lleva el nombre de “Parque de Juan XXIII” pero que conserva el topónimo de “Plaza del Castillo”. Efectivamente, parece un lugar muy apropiado para que aquí hubiera un castillo, dada su situación privilegiada y las vistas que domina. Precisamente en esta explanada y muy cerca del escarpe, se halla la iglesia de San Mateo Apóstol, con su esbelta torre.
El conjunto de torre e iglesia está construido principalmente en ladrillo; no así el cuerpo inferior de la torre, que es de tapial (posiblemente cantos rodados de piedra de río con argamasa de cal o de yeso) y constituye el objetivo principal de este artículo. La iglesia está fechada en el siglo XVI, aunque se distinguen dos partes bien diferenciadas en la misma: el ábside y los dos primeros tramos con sus capillas laterales, datados en la primera mitad de ese siglo, y el bloque “occidental” erigido en la segunda mitad del mismo. Entrecomillo lo de “occidental” porque, como es sabido, es habitual que las iglesias comenzaran a edificarse por el ábside (generalmente orientado hacia el este) y luego fueran creciendo hacia el oeste, es decir, hacia occidente, y por eso se le puso el adjetivo de “bloque occidental”. Pero, realmente, la orientación de esta iglesia es muy extraña: su ábside mira prácticamente hacia el norte (ligeramente noroeste) y fue creciendo hacia el sur. A ese bloque añadido en la segunda mitad del siglo XVI le encajaría mejor el adjetivo de “meridional”, con su portada orientada hacia el mediodía (ligeramente sureste), circunstancia sobre la cual no se ha profundizado suficientemente y que no puede ser algo aleatorio y casual, como iremos viendo.


Es uno de los pocos casos en los que no existe discusión sobre el hecho de que, cuando se hizo la iglesia, la torre ya existía. Si en todas las torres construidas con anterioridad a sus iglesias detectamos una posición extraña respecto a ellas, en esta lo es todavía más, pues llama muchísimo la atención que la torre se encuentre detrás de la cabecera, en el lado de la Epístola (lado derecho según se mira hacia el altar). Como el cuerpo inferior de la torre es obra de tapial y ese tipo de fábrica parece más propio de una construcción militar que de un edificio religioso (aunque vemos que también hay edificios religiosos hechos en tapial), se atribuyó a la torre aquel origen, es decir, parte integrante de aquel castillo que seguramente aquí hubo, constituyendo, por otra parte, el único vestigio del mismo.
Todo ese razonamiento resulta bastante lógico, pero sí cabe duda sobre la datación que le dieron, es decir, siglo XIV, sin haber encontrado ninguna documentación que condujera a esa fecha ni tener constancia de hechos históricos que justificaran esa construcción militar como lugar de defensa en época plenamente cristiana. Detectamos cierta intención de no adelantar “excesivamente” la fecha de construcción de otro más de nuestros monumentos. Se especula con la existencia anterior de una iglesia fortaleza, argumento que parece encajar con esa naturaleza militar en su origen. Sin embargo, ya hemos explicado en alguna ocasión nuestra disconformidad con ese concepto de “iglesia-fortaleza”, como fue en el caso de la iglesia de San Gil de Zaragoza. Pensamos que ese modelo consistente en plantar torrecillas en lugar de simples contrafuertes para absorber los empujes horizontales que transmiten las bóvedas responde a una solución más eficaz para ese fin que la de los contrafuertes que, generalmente, han dado bastantes problemas de agrietamientos por esa causa. La construcción de esas torrecillas conllevó la creación de unos andadores a nivel elevado que recuerdan a los adarves o caminos de ronda de los castillos y de ahí se dedujo (quizá sin suficiente fundamento) que se hicieron con el fin de que sirvieran a la vez para ambos cometidos: templo y castillo, sin ahondar siquiera mínimamente en lo que aquello debía suponer en cuanto a la existencia de una guarnición militar, dónde se alojarían los soldados (no cabe pensar que en la propia iglesia), edificios anexos necesarios para ese fin (caballerizas, almacenes…) y relación arquitectónica entre esos anexos básicos de los que nunca hay noticia y la supuesta “iglesia-fortaleza”. Aquí pudo haber esas edificaciones anexas porque la explanada es grande y tiene espacio suficiente, pero no así en la mayoría de las iglesias catalogadas como “iglesias-fortaleza”.
Las iglesias aragonesas a las que se les ha dado esta denominación corresponden al siglo XIV y, quizá por eso y porque encajaba bien por ser anterior al de la fecha de construcción de esta de San Mateo, se le atribuiría también esa datación al cuerpo inferior de esta torre.
Sin embargo, hay un objeto muy interesante que se conserva en el interior de la iglesia, que es la pila bautismal, la cual describe muy bien Antonio García Omedes en su web sobre el románico aragonés. Situada en el lado de la Epístola, a los pies del templo, está tallada en piedra, con forma semiesférica y el borde superior biselado. Presenta una cruz de Malta, incisa, que bien sugiere su relación con las Órdenes Militares a las que tanto cariño profesó Alfonso el Batallador, hasta el punto de dejar repartido su reino entre ellas, en su desastroso testamento, “para la salvación de su alma”, y de tan nefastas consecuencias para Aragón. Por su hechura y características, afirma con toda lógica que debe datarse hacia mediados del siglo XII. En efecto, este territorio fue conquistado por el Batallador y anexionado al reino de Aragón en 1118 (el mismo año que Zaragoza).

Parece que no hay ninguna duda de que esta pila no procede de ningún otro lugar, sino de este. Ello indica que en el siglo XII ya había un templo en este mismo sitio, pero si hemos de considerar que se hizo en época cristiana, tuvo que ser una iglesia románica de la que, como en tantos otros sitios, nunca se ha encontrado vestigio arqueológico alguno. Si así hubiera sido, esa iglesia habría estado orientada hacia el este y la que hoy conocemos ocuparía la misma ubicación, con la misma orientación que aquella. Sin embargo, no es así. Resulta más sencillo volver una vez más al razonamiento de que, como población musulmana que lógicamente tuvo que haber en este lugar tan estratégico del valle del río Gállego (próximo a Zuera, Sujayra en lengua árabe, y cerca ya de Zaragoza), los cristianos encontraron en ella una mezquita que reutilizaron para su propio culto, como en tantos otros sitios, según documentaba el profesor Lacarra. En aquel viejo templo tuvo que estar esta pila bautismal elaborada en el siglo XII y hoy conservada en su emplazamiento actual. Con el tiempo, sería derribado y sustituido por la iglesia que hoy conocemos, con una orientación similar a la de mezquitas tan importantes como las de Córdoba o Sevilla.
Su tipología estructural es típicamente militar y lo lógico es pensar que sirvió de atalaya sobre el escarpe del río Gállego a la vez que de alminar de la mezquita a la que acompañaba, por todo lo expuesto anteriormente. Posee una estancia a nivel de suelo cubierta con una bóveda de crucería que no tiene comunicación con las estancias superiores. Recordemos que este modelo de bóvedas, aunque aquí se extendió mayormente con el arte gótico, ya existía de antiguo en Oriente Medio, de donde vemos que viene buena parte de nuestra arquitectura andalusí, y que ya vimos otras torres de origen andalusí que también tenían una cámara en planta baja sin comunicación con el resto de la torre (San Andrés y Santa María de Calatayud, Castillo Mayor de Calatayud, Utebo…).
Vemos, pues, que son notables las imprecisiones y descuidos sobre este monumento que, si bien arquitectónicamente es sencillo, históricamente merece mayor consideración de la que ha disfrutado hasta ahora. Se admite que las dos ventanas en arco de medio punto que presenta en la parte superior de cada una de las caras de este cuerpo bajo han existido siempre, pero comprobamos que no es así. Basta ver las fotografías tomadas por D. José Galiay en la primera mitad del siglo XX: en ellas no se aprecia ni rastro de esas ventanas y parece ser que, quien la restaurara, adoptaría el criterio de que la torre ganaba en belleza con esos vanos, añadiendo esos elementos inventados, que luego fueron cegados.

Lo peor es que el tapial fue reforzado o sustituido por hormigón encofrado sobre el que se aplicó un enfoscado que, debido a la lisura de la superficie, se fue desprendiendo, en lugar de haberlo hecho con un material más compatible con el original y que hubiese servido ya como acabado final. Parece ser que ahora está prevista la aplicación de un nuevo enfoscado y que, para favorecer la adherencia, han practicado esos picados que se aprecian en la foto.

Nos encontramos, pues, ante una torre muy interesante del patrimonio arquitectónico aragonés, más de lo que se le ha supuesto hasta la fecha, que merece estudios más detallados (sobre todo de su interior) que conduzcan a conclusiones más fiables de las que se han obtenido hasta ahora.

Jaime Carbonel Monguilán. Arquitecto Técnico.

Autor del libro «El alminar de Tawust», las intervenciones en obras de restauración del patrimonio de Jaime Carbonel le han llevado a conocer los aspectos más singulares de la arquitectura tradicional aragonesa, como el uso del yeso como material de agarre en lugar del mortero de cal, que era lo habitual en el resto de casi todo el mundo. Su dedicación al estudio detallado de la torre de Santa María de Tauste arroja unos resultados sobre su datación bien diferentes de los que se han sostenido tradicionalmente. Unas conclusiones que afectan de manera muy positiva al pasado de Tauste y a las consideraciones sobre el verdadero origen de la arquitectura mudéjar aragonesa.
Artículos anteriores
La arquitectura zagrí y mudéjar en Aragón (I).
La arquitectura zagrí y mudéjar en Aragón (II): El caso de Tauste.
La arquitectura zagrí (IlI): Un poco de historia.
¿Por qué la llamamos «arquitectura zagrí»?
El yeso: Ese material tan habitual como ignorado.
Errores conceptuales respecto al yeso.
Técnicas de construcción con yeso.
Mortero de cal o pasta de yeso.
¿Cómo nació la arquitectura mudéjar aragonesa?
Génesis de la Arquitectura Zagrí.
Evolución estructural de los alminares zagríes.
La Parroquieta de La Seo de Zaragoza.
La Seo de Zaragoza o la Mezquita Aljama de Saraqusta.
La Torre de San Pablo de Zaragoza.
La Torre de la Magdalena de Zaragoza.
La Torre de la Iglesia de San Gil Abad de Zaragoza.
Aproximación histórica a la construcción de la Torre Nueva de Zaragoza.
La Iglesia de San Martín de la Aljafería.
La Torre de Santa María de Tauste.
La necrópolis islámica de Tauste.
El castillo de Rueda de Jalón.
La Torre de La Almunia de Doña Godina.
Los enigmas de la Torre de Ricla.
El Castillo Mayor de Calatayud.
Iglesia y Torre de San Andrés de Calatayud.
Santa María La Mayor de Calatayud.
La Torre de San Pedro de los Francos de Calatayud.
La Torre de Santa María de Ateca.
Iglesia y Torre de Santa María de la Vilueña.
Un alminar en la Iglesia de Santa María de Maluenda.
La Torre del Belmonte de Gracián.
La Torre de Villarreal de Huerva.
La Torre de Santa María de Daroca y Agustín SanMiguel Mateo.
