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La torre de Terrer

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Torre de Terrer

 

Después de la visita obligada al patrimonio zagrí de Calatayud, continuamos nuestro viaje aguas arriba del río Jalón y, tras recorrer tan solo 7 Km, llegamos a Terrer. Esta localidad ya existía en época islámica, con su castillo erigido en lo alto para vigilar la importante vía de comunicación que venía hacia Zaragoza, citado en el Cantar de Mío Cid.

La iglesia de la Asunción se encuentra en el extremo occidental del casco urbano. Se trata de un edificio barroco (siglo XVIII) que vino a sustituir a la iglesia mudéjar que se había construido hacia el año 1400. De ella todavía se conservan restos sobre las capillas laterales del lado de la Epístola (lado derecho del templo si nos ponemos mirando hacia el altar).

La torre se ubica junto al presbiterio, en el lado izquierdo, y no existen datos documentales sobre su fecha de construcción. Es de planta cuadrada, realizada toda ella en ladrillo aparejado a soga y tizón sobre un basamento de piedra y consta de dos cuerpos: el de escaleras y el de campanas. Las escaleras se desarrollan en torno a un machón macizo central (como en la ya vista torre de San Pedro de los Francos, en Calatayud). El hueco de las mismas resulta bastante amplio, tanto en anchura (1,20 m, aproximadamente) como en altura, perteneciendo por tanto a la tipología estructural de las torres evolucionadas donde la escalera ya se construye mediante una correa de ladrillo entre dos muros y no como un hueco intramural. La diferencia entre la altura total que se salva en una vuelta completa de escalera y la altura libre del hueco en cualquier punto nos da el espesor de esa correa. El techo de todo ese hueco helicoidal se resuelve mediante bovedillas enjarjadas que se van escalonando a razón de tres en cada lado del cuadrado. El acceso original al interior de la torre se producía a cierta altura a través de un arco apuntado túmido, con su forma de herradura propia de la época andalusí.

Planta de la Torre de Terrer
Planta de la Torre de Terrer

 

Sección vertical. Dibujo A. Sanmiguel.
Sección vertical. Dibujo A. Sanmiguel.

 

Arco apuntado túmido en la entrada original de la torre. Torre de Terrer. Foto J.A. Tolosa
Arco apuntado túmido en la entrada original de la torre. Torre de Terrer. Foto J.A. Tolosa

 

Bovedillas enjarjadas. Torre de Terrer. Foto J.A. Tolosa
Bovedillas enjarjadas. Torre de Terrer. Foto J.A. Tolosa

 

El segundo cuerpo es también de planta cuadrada, pero un poco más estrecho, con un retranqueo de unos 30 cm respecto al de abajo. Al exterior presenta dos niveles de huecos. El inferior consta de un ventanal en cada cara similar a los que supuestamente tuvo la torre de San Pedro de los Francos y que también veremos en Aniñón y en Belmonte de Gracián, es decir, dentro de un rectángulo rehundido a modo de alfiz, un gran arco apuntado con parteluz del que surgen dos semiarcos que se cruzan con el arco principal y terminan en los ángulos superiores de ese alfiz. Los huecos resultan demasiado estrechos para colocar campanas, lo cual indica que no fueron pensados para ese fin. En el piso superior hay dos ventanas en cada cara en arco de medio punto con gran rosca de ladrillo. Esta parte parece responder a la reforma barroca y está claro que sí fue concebida para que sirviera como campanario, pues se trata ya de huecos de mayor anchura que los de abajo. Sin embargo, en época medieval tuvo que haber en este nivel cuatro vanos en lugar de estos dos, tal y como puede deducirse del hecho de que hubiera un pilar central de ladrillo antiguo de unos 50 cm de ancho, pues ello indica que hubo dos ventanas más pequeñas a cada lado del mismo, igual que en Belmonte y en Aniñón. Por supuesto, esos, por su pequeño tamaño, tampoco fueron pensados para colgar campanas. Ahora se cubre con un chapitel metálico, pero en su origen sería una pirámide de base octogonal sobre trompas.

 

Recreación de su estado original. Torre de Terrer. Dibujo A. Sanmiguel.
Recreación de su estado original. Torre de Terrer. Dibujo A. Sanmiguel.

 

Ventanal tapiado antes de restauración. Torre Terrer
Ventanal tapiado antes de la restauración de la torre y pilar central encima del mismo de donde cabe deducir que hubo cuatro ventanas más pequeñas encima del gran ventanal. Torre de Terrer. Foto A. Sanmiguel.

 

Exteriormente, solo tiene decoración el cuerpo inferior y consta de tres paños que se repiten por igual en las cuatro caras, todos ellos remarcados horizontalmente por bandas de esquinillas. El de abajo se compone de arcos mixtilíneos entrecruzados, el central (de mayor altura) aspas formando rombos con pequeñas cruces en el centro y el superior es una cenefa con una estrella de ocho puntas en cada extremo y otra central, con dos más alargadas entre esta y las laterales. La singularidad de este último paño se veía incrementada por la existencia de unos platos cerámicos incrustados en el ladrillo cuyos esmaltes reflejaban los rayos solares, multiplicando de esta forma el efecto decorativo de los ladrillos resaltados. Curiosamente, los que estaban en estos paños guardaban un perfecto orden geométrico con relación a las estrellas de los mismos, pero es que, además, había algún otro incrustado en las pequeñas cruces del tablero inferior, lo que hace pensar que se trate de algún añadido en época posterior a la construcción de la torre. Lamentablemente, estos platos fueron eliminados en la última restauración y ya no fueron repuestos, permaneciendo las marcas de los mismos en los paramentos de ladrillo, que quedaron sin reparar como testigos de que algún día existieron.

 

Platos de cerámica vidriada antes de la restauración de la torre. Torre de Terrer. Foto A. Sanmiguel.
Platos de cerámica vidriada antes de la restauración de la torre. Torre de Terrer. Foto A. Sanmiguel.

 

Merece la pena leer la descripción que de esta torre hace José Antonio Tolosa en su web sobre el mudéjar aragonés, con unas estupendas fotografías que ayudan a comprender perfectamente lo allí expuesto y, también, de manera muy especial, el apartado que a ella dedica Agustín Sanmiguel en su libro “ Torres de ascendencia islámica en las comarcas de Calatayud y Daroca”, páginas 292 a 301, así como las láminas 36, 37 y 37 del mismo libro.

En cuanto a su cronología, cabe observar que la relación formal de la torre respecto a la iglesia a la que acompaña no parece responder a una unidad constructiva, toda vez que la torre se concibe como una obra exenta. No tiene nada que ver con las soluciones arquitectónicas que vemos en las claramente mudéjares, tal y como explicábamos en el artículo correspondiente a la torre de Utebo en relación a las iglesias y torres de Tobed o de Santa María de Maluenda, o también podemos ver en la iglesia de Torralba de Ribota, todas ellas perfectamente integradas en una misma obra y con clara utilidad de campanario ya desde su concepción, con unos huecos pensados para el alojamiento de campanas, cosa que no sucede en esta de Terrer.

 

Iglesia de Torralba de Ribota como ejemplo de unidad constructiva coherente entre torre e iglesia en la arquitectura mudéjar.
Iglesia de Torralba de Ribota como ejemplo de unidad constructiva coherente entre torre e iglesia en la arquitectura mudéjar.

 

Por tanto, resulta más lógico y natural aceptar que esta torre de Terrer sea una construcción taifal, más o menos contemporánea del palacio de la Aljafería, hecha para que sirviera de alminar, tanto para llamar a los fieles a oración como para que sirviera de símbolo del reino Hudí en la ruta que conducía a Zaragoza.

 

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Jaime Carbonel Monguilán. Arquitecto Técnico.

Autor del libro «El alminar de Tawust», las intervenciones en obras de restauración del patrimonio de Jaime Carbonel le han llevado a conocer los aspectos más singulares de la arquitectura tradicional aragonesa, como el uso del yeso como material de agarre en lugar del mortero de cal, que era lo habitual en el resto de casi todo el mundo. Su dedicación al estudio detallado de la torre de Santa María de Tauste arroja unos resultados sobre su datación bien diferentes de los que se han sostenido tradicionalmente. Unas conclusiones que afectan de manera muy positiva al pasado de Tauste y a las consideraciones sobre el verdadero origen de la arquitectura mudéjar aragonesa.

 

Artículos anteriores

La arquitectura zagrí y mudéjar en Aragón (I).

La arquitectura zagrí y mudéjar en Aragón (II): El caso de Tauste.

La arquitectura zagrí (IlI): Un poco de historia.

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