Belchite Torre San Martin

Belchite. La Torre de San Martín de Tours

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Belchite está situado en la zona sur de la provincia de Zaragoza, a unos 50 Km de la capital. Es la cabeza de comarca denominada “Campo de Belchite”. Allí se encuentra el “Belchite Viejo”, lo que queda del cruento episodio que tuvo lugar durante la Guerra Civil y posterior abandono al ser trasladada la población al nuevo pueblo que posteriormente se construyó.

Se sabe de su existencia desde la época prerromana y también en la islámica con el topónimo Balshad, perteneciendo a la taifa de Saraqusta. La zona era un amplio distrito agrícola que fue poblado por grupos de origen bereber relacionados con la dinastía Omeya. Su ubicación geográfica, controlando la ruta con Montalbán y Teruel hacia la costa, y el eje Molina-Guadalajara-Toledo, así como la recuperación de la presa romana de Almonacid y su acequia, facilitaron que se convirtiera en una población importante ya por aquel entonces. Fue conquistado por Alfonso I el Batallador e incorporado al reino de Aragón por las mismas fechas que Zaragoza. En la actualidad tiene unos 1.500 habitantes, pero antes de la Guerra Civil tenía 3.600, población que mantuvo hasta su traslado al pueblo nuevo en 1954. Fue a partir de entonces cuando el pueblo viejo quedó definitivamente abandonado y las ruinas que ahora contemplamos se deben más a esta causa que a los efectos de la guerra, que, por supuesto, fueron muchos y muy nefastos.

La iglesia de San Martín de Tours era el templo principal, una edificación mudéjar (lo que nosotros denominamos “tagarina”) de notables dimensiones. Toda la construcción (torre e iglesia) es de ladrillo, erigida sobre un basamento de piedra sillar en algunas zonas. Durante el asedio sufrido entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre de 1937 fue objeto de intensos bombardeos que dejaron la iglesia prácticamente sin techo y la torre gravemente lesionada. La versión que conocemos de este conjunto es que se trata del producto de tres fases constructivas. La primera de ellas la compondrían el ábside, los tres primeros tramos de la iglesia y la torre, datado todo ello en el siglo XIV o principios del XV. La torre se encuentra junto al muro sur de la iglesia (lado de la Epístola). Carece de decoración en su cuerpo bajo, salvo una banda de esquinillas y una cornisa de ménsulas de ladrillo. Como las primeras bandas decorativas se reproducen de igual manera en los cuatro lados (incluso en el que queda oculto por el muro de la iglesia), de ahí se deduce que fue construida exenta y, como nunca se ha construido un campanario antes que el templo al que pertenece, se da la explicación de que se edificó a continuación del tercer tramo de la iglesia, quedando ocultada cuando ya se hizo el cuarto tramo en la ampliación renacentista del siglo XVI. Sin embargo, comprobamos que ese tercer tramo de la construcción originaria de la iglesia ya alcanzaba parte de la torre, tapando parte de esa decoración, y que fue con esa ampliación cuando terminó ya de ocultarse. Ello es motivo claro para concluir que la torre no es coetánea de la iglesia y que, cuando esta se hizo, ella ya estaba allí. Pero tenemos más motivos para pensarlo de esta manera, como veremos más adelante.

Posición de la torre respecto a los tramos tercero y cuarto de la iglesia, vista desde el interior de esta
Posición de la torre respecto a los tramos tercero y cuarto de la iglesia, vista desde el interior de esta. (1)

 

Posición de la torre respecto a los tramos tercero y cuarto de la iglesia, vista desde el interior de esta
Posición de la torre respecto a los tramos tercero y cuarto de la iglesia, vista desde el interior de esta. (2)

 

Otra particularidad que observamos es su orientación, claramente sureste, como las mezquitas. Es inconcebible que en los siglos XIV y XV construyera una iglesia con esta alineación, pues siempre se tenía especial cuidado en que los ábsides miraran hacia el sol naciente y no hacia La Meca, a no ser que el solar sobre el que se construía tuviera algún condicionante de fuerza mayor. En otros casos hemos visto que este condicionante era el de haber servido de ubicación a una mezquita cuya edificación se estaba sustituyendo por la nueva iglesia (como ocurrió en Tauste, por ejemplo). Pensar que aquí también pudo ocurrir eso no deja de ser una hipótesis razonable.

 

Orientación de la iglesia hacia el SE
Orientación de la iglesia hacia el SE

 

Como en otros muchos sitios, pero en este con mucha más certeza, dada la conocida existencia de esta población en época islámica y, seguramente, con cierta importancia, la población era mayormente musulmana y tendrían varias mezquitas para el rezo, de las cuales, una de ellas era la mezquita aljama (también llamada mezquita mayor o mezquita del viernes). A medida que los aragoneses conquistan el territorio, sus monarcas ordenan poner esos templos a disposición de la Iglesia y son consagrados para el culto cristiano. Con el tiempo, aquellos edificios se quedan viejos y anticuados, además de no cumplir con los cánones que vienen de Europa (que es la moda del arte gótico, como hoy lo conocemos). Es así como aquellos templos se van sustituyendo por los que han llegado hasta nuestros días, copiando los sistemas estructurales de las iglesias góticas pero, ante la ausencia de piedra y la abundancia de arcilla y yeso, se hacen con ladrillo, utilizando las técnicas de la población musulmana que sigue viviendo en su territorio y que es la que mejor domina estas formas de construir. Sin embargo, allí donde todavía hay una torre que sigue sirviendo perfectamente para llamar a los fieles a oración (antes de viva voz, mediante la llamada del almuédano, y ahora mediante el tañido de campanas), esta se conserva, como es lógico y natural, sobre todo cuando su aspecto es del gusto del nuevo poder, como queda demostrado al promover edificios en los que se sigue reproduciendo la decoración de ascendencia islámica.

La torre tiene planta cuadrada y es de una esbeltez muy notable, lo cual, acompañado de su remate en forma de chapitel octogonal, le proporciona una silueta elegante que atrae al visitante ya desde lejos. Su estructura interna es la típica que hemos visto en otras torres de clara datación zagrí: un machón central en torno al que se desarrolla la escalera girando en sentido ascendente antihorario, con los techos a base de esas bellas bovedillas enjarjadas, como en las torres de San Pedro de los Francos en Calatayud, Terrer o Belmonte, entre otros.

Su tamaño y prestancia son totalmente acordes con la magnitud que hubo de tener esta población en época taifal (siglo XI). Presenta una decoración espléndida a partir de cierta altura, con grandes paños que se repiten por igual en las cuatro caras, y aún se distinguen a pesar de su acusado deterioro. El primero es un zig-zag de doble hilada, recuadrado y enmarcado por fajas de esquinillas. Sigue una decoración de rombos y, a continuación, un motivo que consiste en una doble cinta, hecha con ladrillo colocado a sardinel, que se anuda en círculos y que el propio profesor G. Borrás califica de “muy antiguo, que se remonta a la época taifal de los Banu Hud saraqustíes”, que fue la segunda dinastía que gobernó la taifa y con la que llegó a su máximo esplendor. Una cornisa de mensulillas de ladrillo en forma de pirámide invertida da paso a lo que fue el campanario. Ahí vemos otra evidencia de la mayor antigüedad de la torre: en cada lado hay un gran vano apuntado, recuadrado a modo de alfiz, bajo el que había dos ventanas más estrechas, también apuntadas, que apeaban sobre un mainel central. Un maestro de obras al que se le encarga la construcción de un campanario no deja unos vanos tan estrechos como para que no quepan las campanas y hemos visto cómo en otros lugares (seguramente también aquí, pero es difícil precisar por el destrozo sufrido en los bombardeos), cuando quisieron reutilizar el antiguo alminar para el uso de campanario, tuvieron que romper esos maineles para ensanchar el vano.

 

Vista meridional de la torre
Vista meridional de la torre

 

Detalle de la parte superior. arquillos cobijados bajo otro gran arco.
Detalle de la parte superior. arquillos cobijados bajo otro gran arco.

 

Nos encontramos, pues, ante otro de los excelentes alminares construidos en el siglo XI en nuestro territorio. Se tiene asumida la conservación de las ruinas del pueblo viejo como testimonio de la barbarie que allí se produjo durante la Guerra Civil, pero quizá estaría bien reconsiderar qué hacer con esta maravillosa torre, no solo por su elevado valor arquitectónico, sino también histórico, reconociendo su verdadera época de construcción. Para mostrar ruinas, ya hay bastantes en su entorno, pero, en el caso de esta torre, el hecho de que ya no vaya a tener un uso funcional concreto no es obstáculo para apostar por su completa restauración. Un caso cercano en el que la devastación fue también muy cruel es el de Quinto. Allí la iglesia de Nuestra Sra. de la Asunción (conocida popularmente como “el Piquete”, que actualmente alberga el Museo de las Momias), quedó también bastante destrozada y, principalmente, su torre, que también es de ascendencia islámica, pero de época ya cristiana (siglo XIV), es decir, tagarina. El Ayuntamiento de Quinto, a pesar de que la iglesia parroquial se había trasladado ya a la parte baja del pueblo y esta había dejado de cumplir su función religiosa, puso empeño especial en recuperarla y hoy luce espectacular en su lugar de siempre como hito de la historia de todo un pueblo. Un buen ejemplo a seguir.

 

Estado en el que quedó El Piquete de Quinto tras la guerra civil
Estado en el que quedó El Piquete de Quinto tras la guerra civil

 

Estado actual. El Piquete de Quinto
Estado actual. El Piquete de Quinto

 

En el caso de Belchite, el lucimiento de esta torre sería espectacular una vez restaurada, en medio de tantas ruinas. Su valor arquitectónico y su verdadero origen, como patrimonio singular dentro del legado andalusí de época taifal, justificarían sobradamente esa inversión y ese esfuerzo como gran valor añadido a ese enclave. Se trata de recuperar este alminar de silueta tan elegante construido en nuestra tierra en el siglo XI y de volver a mostrarlo en todo su esplendor.

 

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Jaime Carbonel Monguilán. Arquitecto Técnico.

Autor del libro «El alminar de Tawust», las intervenciones en obras de restauración del patrimonio de Jaime Carbonel le han llevado a conocer los aspectos más singulares de la arquitectura tradicional aragonesa, como el uso del yeso como material de agarre en lugar del mortero de cal, que era lo habitual en el resto de casi todo el mundo. Su dedicación al estudio detallado de la torre de Santa María de Tauste arroja unos resultados sobre su datación bien diferentes de los que se han sostenido tradicionalmente. Unas conclusiones que afectan de manera muy positiva al pasado de Tauste y a las consideraciones sobre el verdadero origen de la arquitectura mudéjar aragonesa.

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